3  Consenso científico, escepticismo y negacionismo del cambio climático

Este capítulo desarrolla el Tema 3 del programa de Filosofía y conocimiento (26311M9). La tabla completa de equivalencias está en Guía de uso docente.

3.1 Escepticismo: posición filosófica vs duda acerca del consenso sobre el cambio climático

El escepticismo se presenta en grados. Puede negar la existencia (o dudar de la posibilidad) del conocimiento en general o de un tipo de conocimiento en particular. Como posición filosófica, sirve de base para cuestionar los fundamentos, los límites y las implicaciones del conocimiento; en tanto que actitud epistémica y con finalidad metodológica, exige evidencia y justificación para aceptar una afirmación como verdadera.

El escepticismo filosófico tiene una larga tradición en la historia del pensamiento, desde la antigüedad hasta la actualidad, y se ha manifestado en diversas formas y grados, desde el escepticismo radical —que niega toda posibilidad de conocimiento—, hasta el escepticismo moderado, que admite un conocimiento probable o relativo.

El escepticismo acerca del consenso sobre el cambio climático es una forma de negacionismo o de pseudoescepticismo, es decir, prácticas discursivas que rechazan, relativizan o minimizan la evidencia acumulada acerca de la existencia, la magnitud y la contribución antropogénica al calentamiento global. El escepticismo ante el consenso sobre el cambio climático no es el resultado de una evaluación crítica y rigurosa de los datos y de los procedimientos científicos, sino una estrategia organizada por actores con intereses políticos, económicos o ideológicos, que buscan desacreditar o deslegitimar a la comunidad científica y a las instituciones que alertan de los riesgos climáticos. Una perspectiva epistemológica informada ayuda a distinguir entre la duda legítima —que cuestiona métodos, supuestos o inferencias con argumentos verificables— y el pseudoescepticismo, que emplea tácticas retóricas (selección sesgada de evidencia, apelación a incertidumbres menores, sobreinterpretación de disensos puntuales) para erosionar la confianza pública en la comunidad científica.

Lo que se examina en este capítulo bajo el rótulo de «escepticismo climático» no es una postura filosófica, y por eso tal denominación induce a error. La consistencia del enfoque adoptado en el texto no depende de suponer intenciones, sino de prestar atención a dos elementos comprobables: 1) cómo están construidos sus argumentos; y 2) de dónde procede su financiación (Dembicki, 2025; Noor, 2024; Walker-Crawford, 2026). Maxwell Boykoff documenta lo segundo para el caso estadounidense, donde buena parte de las iniciativas de oposición han estado ligadas a fuentes de financiación de la industria de los combustibles fósiles, con campañas publicitarias costeadas expresamente para cuestionar la ciencia del clima (2015).

3.1.1 Pseudoescepticismo y duda irracional

El escepticismo como posición filosófica y el escepticismo ante el consenso sobre el cambio climático son dos fenómenos distintos y opuestos, que no deben confundirse ni equipararse. El primero es un ejercicio legítimo y necesario de la razón crítica, que busca profundizar y mejorar el conocimiento; el segundo es un abuso ilegítimo e innecesario de la duda irracional, que busca obstaculizar y deteriorar el conocimiento. El primero respeta y dialoga con la comunidad científica; el segundo desprecia y confronta con la comunidad científica. El primero contribuye al bienestar y al progreso de la sociedad; el segundo amenaza el bienestar y el progreso de la sociedad (Coady y Corry, 2013b; Popkin, 1979).

El pseudoescepticismo va asociado a dinámicas de irracionalidad y conflicto social que minan aspectos esenciales de la vida democrática. En un contexto de crisis climática y sucesión de fenómenos extremos con efectos devastadores sobre poblaciones de todo el planeta, resulta crucial que el proceso de información y participación pública orientado a la toma de decisiones se ajuste a la evidencia disponible en las estimaciones de impacto e indicadores de riesgo (Moreno Muñoz, 2021).

Qué cabe hacer frente a ello es el objeto del apartado siguiente, donde se trata la credibilidad de quien aporta el conocimiento. Conviene adelantar solo una cautela: la respuesta a un uso defectuoso de la duda no puede consistir en suprimir la duda, porque entonces el remedio comparte el defecto que pretende corregir. La cuestión no es, por tanto, oponer certeza dogmática a incertidumbre, sino distinguir entre una duda metodológicamente productiva —atenta a la calidad de la evidencia, a los procedimientos de validación y a los límites de las inferencias— y una duda estratégicamente fabricada para producir la apariencia de una controversia científica activa (Hansson, 2017). Identificar el foco, el alcance y las herramientas para proyectar la duda donde resulta útil y necesario —es decir, como parte del funcionamiento autocorrectivo de la ciencia— requiere una capacidad de discriminación epistémica ausente por lo general en las campañas de negacionismo organizado (Code, 2013; Mendy et al., 2024).

Lo ilustra la evolución reciente de la propia industria de combustibles fósiles, que ha abandonado la negación explícita del consenso climático —insostenible ya en sede judicial, donde impugnar la ciencia debilitaba su propia posición procesal; y desmentida por sus propias comunicaciones internas, como muestra Dharna Noor (2024)— para desplazar el litigio hacia la validez de esa ciencia a efectos de establecer responsabilidad legal. Se admite la contribución al calentamiento pero se invoca la multicausalidad del fenómeno para diluir la atribución a emisores concretos (Walker-Crawford, 2026). La duda no se retira; solo se reubica, pasándola del hecho a la cadena causal, donde aún puede seguir rindiendo beneficios.

El escepticismo filosófico contemporáneo —cuyas variedades distingue el capítulo 1— tiene poco que ver con la versión clásica pirroniana, según la cual lo apropiado dada la imposibilidad de certezas consiste en mantener una suspensión del juicio ante cualquier proposición. Dado que la vida individual y social requiere acciones afirmativas y elección de cursos de acción acordes al mejor saber práctico y teórico disponible, el escepticismo contemporáneo tiene un carácter instrumental o metodológico. En lugar de paralizar o bloquear mediante bucles de objeciones interminables, favorece el diálogo y el escrutinio constante de las afirmaciones de verdad, impidiendo la complacencia y la aceptación acrítica de cualquier punto de vista con pretensión de conocimiento a menos que se ajuste a criterios rigurosos de evidencia y calidad metodológica. Es la posición metodológica por defecto en casi todas las ciencias empíricas, y ha sido esencial para desarrollar metodologías científicas de carácter experimental, orientadas a lograr resultados reproducibles por distintos equipos y laboratorios (es decir, a generar nuevo conocimiento en positivo), y no solo a rechazar o cuestionar de forma interminable cada detalle de una nueva hipótesis o teoría (Longino, 2002).

  1. Coady, D., & Corry, R. (2013). The climate change debate: An epistemic and ethical enquiry. Basingstoke: Palgrave Macmillan. Cap. 2.
  2. Popkin, R. H. (1979, trad. 1983). Historia del escepticismo. De Erasmo a Spinoza. Fondo de Cultura Económica. Trad. de J. J. Utrilla.
  3. Longino, Helen E. (2018). The fate of knowledge. Princeton, NJ, Estados Unidos de América: Princeton University Press. https://doi.org/10.2307/j.ctv2tvzv0
  4. Dunlap, R. E. y McCright, A. M. (2011). Organized climate change denial. En The Oxford Handbook of Climate Change and Society. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780199566600.003.0010. La caracterización del fenómeno como contramovimiento organizado.
  5. Brulle, R. J. (2014). Institutionalizing delay: foundation funding and the creation of U.S. climate change counter-movement organizations. Climatic Change, 122(4), 681-694. https://doi.org/10.1007/s10584-013-1018-7. La arquitectura de financiación, con nombres y cifras.
  6. Supran, G., Rahmstorf, S. y Oreskes, N. (2023). Assessing ExxonMobil’s global warming projections. Science, 379(6628), eabk0063. https://doi.org/10.1126/science.abk0063. El desfase entre las proyecciones internas y la comunicación pública de una misma compañía.
  7. Lamb, W. F. et al. (2020). Discourses of climate delay. Global Sustainability, 3, e17. https://doi.org/10.1017/sus.2020.13. La taxonomía de los discursos de retardo, hoy la forma dominante.

3.1.2 Escepticismo ante el cambio climático

Referido a la evidencia disponible sobre el impacto de la acción humana como factor acelerador del cambio climático, el escepticismo ha sido utilizado para cuestionar el consenso científico al respecto. Este tipo de escepticismo resulta inconsistente en tanto que posición epistémica, puesto que se trata de una estrategia retórica y de propaganda bien ensayada en debates como el efecto del tabaco en la salud humana y, por lo general, financiada por actores cuyos intereses económicos y políticos se benefician de la inacción y el retraso en los cambios reguladores. Su objetivo es sembrar dudas sobre las conclusiones de la comunidad científica y, de este modo, retrasar o impedir la adopción de decisiones políticas orientadas a mitigar el cambio climático con medidas verdaderamente disuasorias de actividades generadoras de gases de efecto invernadero (Hoggan y R. Littlemore, 2009; Naomi Oreskes y Conway, 2010).

Pensamiento crítico y revisión especializada para filtrar la nueva evidencia en cualquier campo disciplinar constituyen aspectos ineludibles de una actitud epistémica responsable, dentro o fuera del contexto académico o investigador. El escepticismo constructivo contribuye al avance del conocimiento, mientras que su correlato pseudoescéptico resulta destructivo porque persigue socavar el consenso científico en beneficio de intereses ajenos al avance del conocimiento y al bienestar de la sociedad.

La evolución de los criterios de calidad metodológica en las ciencias físico-naturales y en las ciencias sociales es un proceso dinámico y abierto a mejoras conceptuales y técnicas, en función de nuevos protocolos, evidencia, modelos más afinados y resultados interdisciplinares. En sentido estricto, se trata de un modo de escepticismo organizado con doble finalidad: ampliar el conocimiento disponible con nueva evidencia capaz de superar criterios rigurosos (verificable, reproducible, autocorregible) y servir de filtro a planteamientos de dudosa consistencia, incompatibles con la evidencia y el conocimiento disponible (Mendy et al., 2024).

Pero la actitud escéptica puede ser instrumentalizada para degenerar en mero negativismo, ajeno o contrario al consenso del colectivo experto. Su base es más ideológica que epistémica, y sirve de pretexto para legitimar esquemas de ignorancia organizada y desinformación. Lewandowsky, Mann, Brown y Friedman sitúan ahí la línea divisoria, apuntando al destinatario de la objeción: la crítica genuina se dirige a la evidencia y busca los cauces donde puede ser respondida; su reverso se dirige a quien la produce, y de ahí que el repertorio incluya el acoso a investigadores, que no genera conocimiento ni pretende generarlo (2016). El uso indebido de ciertas herramientas epistémicas puede llevar a la desinformación y a la parálisis en la toma de decisiones sobre asuntos tan acuciantes como el cambio climático y otros desafíos de salud pública con escaso margen de reacción (Hansson, 2020).

El expediente: qué está documentado y cómo

La afirmación de que esto es una operación y no un conjunto de opiniones equivocadas no descansa en atribuir intenciones a nadie. Descansa en tres cuerpos de evidencia publicados, y conviene enunciarlos por separado porque prueban cosas distintas.

  • Que hay organización. Dunlap y McCright caracterizan el negacionismo climático como un contramovimiento con estructura reconocible —organizaciones, portavoces recurrentes, publicaciones propias y coordinación entre ellas—, no como la suma de discrepancias individuales (2011).
  • Que hay financiación rastreable. Brulle reconstruyó la arquitectura de fundaciones que creó y sostuvo esas organizaciones en Estados Unidos: qué entidades, con cuánto dinero y durante cuánto tiempo (2014). No es una inferencia sobre motivos: son cuentas depositadas.
  • Que hubo desfase entre lo que se sabía y lo que se decía. Supran, Rahmstorf y Oreskes evaluaron las proyecciones climáticas internas de ExxonMobil entre 1977 y 2003 y hallaron que eran acertadas y tan competentes como las académicas de su época, mientras la comunicación pública de la compañía las contradecía (2023).

El tercero es el que cierra la discusión sin entrar en ella. No hace falta indagar qué pensaban o cuáles eran sus intenciones: basta comparar dos corpus documentales de la misma casa, uno interno y otro público, y observar que no dicen lo mismo. Es una comprobación al alcance de cualquiera con acceso a los archivos, y no requiere psicología, sino cotejo documental.

La forma del argumento: seis pasos

Junto al expediente está lo que el capítulo puede examinar por sí mismo, que es cómo están construidos los argumentos. El capítulo 2 describe la operación en seis pasos; aplicada al clima, se reconoce sin dificultad.

Tabla 3.1: Los seis pasos de la operación descrita en el capítulo 2, aplicados al caso climático.
Paso En el caso climático
1. Partir de una tesis epistemológica correcta El conocimiento se produce en instituciones, con financiación e intereses; ninguna observación es neutra
2. Suprimirle el alcance De ahí se salta, sin argumento intermedio, a que las conclusiones del IPCC son una construcción y no un hallazgo
3. Aplicarla selectivamente La sospecha recae sobre los informes de evaluación y nunca sobre los estudios que respaldan la posición propia
4. Elevar el listón de prueba Se exige a la ciencia climática una certeza que no se pide en ningún otro terreno, y que por su objeto no puede dar
5. Invertir la carga de la prueba Quien afirma el consenso debe demostrarlo entero; quien lo niega no debe demostrar nada, porque le basta con haber señalado que la certeza absoluta no existe
6. Trasladarlo a la pertenencia El desacuerdo, ya convertido en irresoluble, se resuelve por identidad: se habla de «fanatismo climático» o de «religión climática»

El paso 6 merece atención porque es el más visible y el peor entendido. Calificar la evidencia climática de creencia religiosa no refuta ningún dato: reclasifica un cuerpo de conocimiento como una fe, y con ello vuelve innecesario discutirlo. Es la misma operación del paso 2, llevada hasta el final, y explica por qué el blanco preferente no es un resultado —demasiado técnico para servir de arma— sino el IPCC y las instituciones que lo sostienen.

El desplazamiento: del negacionismo al retardismo

La forma dominante ha cambiado, y un capítulo que se detenga en la negación del fenómeno describirá un adversario que en buena medida ya no existe. Lamb y sus colaboradores clasificaron los discursos de retardo: aceptan la ciencia y disputan el resto (2020). Cuatro familias, con sus formulaciones habituales:

  1. Redirigir la responsabilidad: que actúen otros primero —otros países, otros sectores, los consumidores—.
  2. Empujar soluciones no transformadoras: confiar en tecnologías futuras o en compensaciones que permiten no cambiar nada ahora.
  3. Subrayar los inconvenientes: centrar la discusión en el coste social de las medidas y no en el de la inacción.
  4. Rendirse: sostener que ya es demasiado tarde o que la adaptación es la única salida realista.

Y aquí el criterio del capítulo se pone a prueba de verdad. Cada una de las cuatro familias contiene objeciones legítimas: el reparto de esfuerzos entre países es un problema real de justicia, el coste social de una transición mal diseñada es real, y la adaptación es efectivamente necesaria. No se trata, por tanto, de descalificar a quien las plantea.

Lo que las convierte en discurso de retardo es de nuevo la forma, no el contenido. Se reconocen porque la objeción no viene acompañada de ninguna alternativa que el proponente esté dispuesto a asumir, porque se reformula intacta cuando la anterior queda respondida, y porque su efecto práctico —el único constante a través de las cuatro— es que no se haga nada en el plazo en que hacerlo importa. Es la demostración articulada en el capítulo y aplicada al caso más difícil, donde lo relevante no es tanto lo que se afirma sino qué evidencias, costes o compromisos harían falta para que quien lo afirma cambiara de posición.

  1. Oreskes, N., & Conway, E. M. (2010). Merchants of Doubt: How a Handful of Scientists Obscured the Truth on Issues from Tobacco Smoke to Global Warming. Bloomsbury Publishing.
  2. Hoggan, J. y R. Littlemore, R. (2009). Climate cover-up: The crusade to deny global warming. Greystone Books.
  3. Sullivan, E. y Alfano, M. (2019). «Negative epistemic exemplars». En B. R. Sherman y S. Goguen (eds.), Overcoming Epistemic Injustice: Social and Psychological Perspectives. Rowman & Littlefield International. Preprint en https://philarchive.org/archive/ALFNEE-2. Los modelos negativos de conducta epistémica y su función.
  4. Lewandowsky, S., Mann, M. E., Brown, N. J. L. y Friedman, H. (2016). Science and the public: Debate, denial, and skepticism. Journal of Social and Political Psychology, 4(2), 537-553. https://doi.org/10.5964/jspp.v4i2.604. Distinción entre escepticismo legítimo y negacionismo, con pautas para reconocer críticas genuinas frente a tácticas de acoso en controversias científicas públicas.

Puedes poner a prueba tus nociones previas sobre el fenómeno de la desinformación y cómo prevenirlo con estos asistentes de razonamiento:

1. 🧠 Asistente socrático
2. 📝 Actúa contra la desinformación
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3.2 La credibilidad de los expertos en el debate sobre el cambio climático

Que el sistema climático se está calentando y que la causa dominante es la actividad humana es una conclusión sostenida por múltiples líneas de evidencia independientes, con el grado de confianza más alto de la escala que emplea el propio IPCC —conviene enunciarlo así, con su calificador, y no como «hecho» sin más, porque es la formulación que se puede comprobar—. Detrás hay decenas de miles de trabajos recopilados, evaluados y sintetizados por comunidades de especialistas de todo el mundo. Las personas expertas en cambio climático son los científicos (sus instituciones y asociaciones incluidas) que se dedican al estudio del clima y sus variaciones, desde diferentes disciplinas como la meteorología, la oceanografía, la geología, la biología, la física o la química. Los expertos en cambio climático publican sus hallazgos en revistas científicas especializadas, revisadas por otros colegas expertos del mismo campo (o afines) antes de su aceptación. El colectivo de expertos en cambio climático participa y se expresa a través de comités internacionales como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que elabora informes periódicos sobre el estado del conocimiento científico sobre el cambio climático (Oppenheimer et al., 2019; Parra, 2022).

La credibilidad de los expertos en cambio climático se basa en su formación académica, su experiencia profesional, su rigor metodológico y su honestidad intelectual. Aceptarla es un caso de la dependencia epistémica que examina el capítulo 1: nadie comprueba por sí mismo las series de temperatura ni los testigos de hielo, de modo que la cuestión no es si conviene fiarse, sino de qué depende que fiarse esté justificado. Las personas expertas en cambio climático no son infalibles ni omniscientes: están sujetas a las limitaciones e incertidumbres propias del conocimiento científico. Sin embargo, el colectivo de expertos en cambio climático es el más cualificado y mejor informado para ofrecer una visión objetiva, actualizada y comprensible del cambio climático y sus implicaciones. Y su credibilidad no descansa en presumirles buena fe, sino en el hecho de que trabajan bajo procedimientos que obligan a declarar conflictos de interés, exponen sus resultados a revisión antes de publicarlos y dejan constancia auditable de en qué se apoya cada conclusión. Esa es la diferencia con una opinión autorizada, y es también la razón por la que los capítulos 2 y 4 pueden examinar los fallos de esos procedimientos sin que ello debilite la confianza en el resultado. Lo que sostiene el consenso es el mecanismo, no la virtud de quienes lo integran (2019).

El sesgo del consenso va en dirección contraria a la que se le imputa

La acusación más repetida contra la ciencia climática es la de alarmismo. Tiene una respuesta que no consiste en negarla, sino en examinar el procedimiento, dado que el mecanismo de formación de consenso arrastra sistemáticamente hacia la prudencia, no hacia la exageración. Brysse, Oreskes, O’Reilly y Oppenheimer lo documentaron comparando proyecciones sucesivas con lo observado después, y hallaron subestimación reiterada en nivel del mar, pérdida de hielo ártico e intensidad de huracanes. Lo llamaron errar del lado del menor dramatismo (2013).

No hace falta atribuir intención a nadie para explicarlo. Basta el propio procedimiento, cuya regla para el consenso empuja hacia el mínimo común denominador. Un enunciado fuerte necesita que nadie lo bloquee; la reticencia profesional a la afirmación arriesgada opera en la misma dirección; y el coste reputacional de exagerar es mucho mayor que el de quedarse corto, de modo que el error se comete preferentemente hacia abajo. Es sesgo sistemático, no estrategia.

De ahí una consecuencia incómoda para las dos partes del debate público. La acusación de alarmismo se responde con el expediente del propio procedimiento, sin necesidad de réplica retórica. Y el lector prudente debe extraer la conclusión simétrica: una proyección de consenso es, con más probabilidad, un suelo que un techo. Es también la razón por la que las discrepancias que sí importan —las que se examinan en §3.5— se dirimen dentro de la literatura y no en el debate público.

La principal amenaza para la credibilidad de los expertos en cambio climático procede del negacionismo de algunos actores ligados a sectores sociales o políticos con agendas liberales ultraconservadoras, que cuestionan o rechazan el consenso científico sobre el cambio climático no a partir de argumentos racionales o empíricos, sino en función de intereses económicos, ideológicos o emocionales, llegando incluso a financiar estrategias para desacreditar o deslegitimar a expertos destacados en cambio climático y a las instituciones que alertan sobre la gravedad del escenario de emergencia climática (Parra, 2022).

Es importante que la ciudadanía disponga de criterios para reconocer y sostener la credibilidad de quienes aportan conocimiento especializado, riguroso e independiente sobre el cambio climático y su impacto social (Hmielowski et al., 2014). Cuatro líneas de actuación, ordenadas de la más exigente para las instituciones a la más exigente para el lector:

  1. Sostener las condiciones de producción, no solo divulgar los resultados: financiación estable, series de observación mantenidas en el tiempo y acceso abierto a datos y códigos. Es lo que hace auditable una conclusión, y sin ello el resto son buenas intenciones.
  2. Comunicar con la incertidumbre incluida. Un enunciado que declara su grado de confianza resiste mejor el contraste que uno categórico, y priva de materia prima a quien pretenda presentar el margen como si fuera el centro. Reconocer lo que no se sabe no debilita la afirmación: es lo que permite distinguirla de una consigna.
  3. Documentar quién financia qué. Frente a una operación organizada, el registro público de intereses, la trazabilidad del patrocinio y las declaraciones de conflicto son más eficaces que cualquier refutación puntual, porque no dependen de ganar una discusión (Abellán López, 2021; Ecológica y Reto Demográfico, 2025).
  4. Enseñar a reconocer la forma del argumento, que es lo que este libro intenta. No se trata de rebatir cada afirmación —hay más de las que nadie puede responder— sino de identificar la operación: qué se exige probar y qué se da por probado, a qué evidencia se aplica el escrutinio y a cuál no, y qué haría falta para que quien la sostiene cambiara de posición.

La opción de combatir a los actores se omite de forma deliberada. En un texto de epistemología interesa examinar cómo está construido un argumento y de dónde procede la financiación del soporte donde se hace público; pero no puede prescribir a quién hay que silenciar sin adoptar, en la forma, el procedimiento que critica en el fondo —Merchants of Doubt documenta con detalle la campaña de acoso contra Ben Santer, entre otros científicos del clima destacados (Naomi Oreskes y Conway, 2010, pp. 1-7). Y hay una razón práctica además de la de principio: convertir el asunto en una confrontación entre bandos es exactamente el marco en el que la operación descrita en §3.1 obtiene su mejor resultado, porque desplaza la discusión del terreno donde pierde solidez —el de la evidencia— al terreno donde no pierde nunca, el de la identidad de grupo.

Por qué la evolución del clima exige acción
El cambio climático es uno de los mayores desafíos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI, con graves consecuencias para el medio ambiente, la economía, la salud y la seguridad. Sus causas y factores físicos que agravan las consecuencias e impacto se conocen razonablemente bien.

El cambio climático se debe al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, principalmente por la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la agricultura. El cambio climático provoca un aumento de la temperatura media global, el deshielo de los polos y los glaciares, la subida del nivel del mar, la alteración de los patrones de precipitación, la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos y la pérdida de biodiversidad.

U. N., “Cambio climático | Desafíos globales”.

  1. Oppenheimer, M., Oreskes, N., Jamieson, D., Brysse, K., O’Reilly, J., Shindell, M., & Wazeck, M. (2019). Discerning experts: The Practices of Scientific Assessment for Environmental Policy. University of Chicago Press. Ch. 1-3.
  2. Parra, S. (2022). El 99,9 % de los estudios científicos lo confirma: el cambio climático está causado por el ser humano. National geographic, 2/11/2022. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/999-estudios-cientificos-confirma-cambio-climatico-esta-causado-por-ser-humano_18994.
  3. Hmielowski, J. D. et al. (2014). An attack on science? Media use, trust in scientists, and perceptions of global warming. Public Understanding of Science, 23(7), 866-883. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0963662513480091.
  4. Abellán López, M. Á. (2021). El cambio climático: Negacionismo, escepticismo y desinformación. Tabula Rasa. https://doi.org/10.25058/20112742.n37.13
  5. Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. (2025). Prevención de la desinformación climática. Documentos de trabajo del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, No. 3. https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/ceneam/recursos/prevencion_desinformacion_climatica.pdf
  6. Farrell, J., McConnell, K., & Brulle, R. (2019). Evidence-based strategies to combat scientific misinformation. Nature Climate Change, 9(3), 191-195. https://doi.org/10.1038/s41558-018-0368-6

3.3 La coordinación entre las ciencias e instituciones que estudian el clima

El estudio del clima es una tarea compleja y multidisciplinar, que involucra a decenas de miles de investigadores de todo el planeta y requiere de la colaboración y la coordinación entre diferentes especialistas, profesionales y las instituciones a la que pertenecen, y que financian sus trabajos y recursos de investigación (Döring y Krampe, 2026; W. Parker, 2026). Algunas ciencias con protagonismo indiscutible en este dominio de conocimiento interdisciplinar son:

  • La climatología: es la ciencia que se ocupa de describir, clasificar y explicar los climas del mundo, sus variaciones y sus tendencias. La climatología utiliza datos meteorológicos obtenidos por estaciones de observación, satélites y otros instrumentos, que analiza mediante técnicas estadísticas y matemáticas.

  • La meteorología: es la ciencia que se ocupa de estudiar y predecir el tiempo atmosférico, es decir, el estado de la atmósfera en un lugar y un momento determinados. La meteorología utiliza modelos matemáticos y físicos que simulan el comportamiento de la atmósfera, basados en las leyes de la termodinámica, la hidrodinámica y la radiación.

  • La paleoclimatología: es la ciencia que se ocupa de reconstruir e interpretar los climas del pasado, desde el origen de la Tierra hasta el presente. La paleoclimatología utiliza fuentes indirectas como los fósiles, los sedimentos, los anillos de los árboles, los núcleos de hielo o los corales, que registran las variaciones climáticas a lo largo del tiempo.

  • La bioclimatología: es la ciencia que se ocupa de estudiar las relaciones entre el clima y los seres vivos, tanto animales como vegetales. Analiza cómo el clima influye en la distribución, la adaptación, el comportamiento y la salud de los organismos, así como cómo estos modifican el clima mediante sus procesos metabólicos y ecológicos.

  • La geoclimatología: es la ciencia que se ocupa de estudiar las relaciones entre el clima y los procesos geológicos, tanto internos como externos. Analiza cómo el clima influye en la formación y la evolución del relieve, los suelos, los recursos hídricos y minerales, y cómo estos afectan al clima mediante su albedo, su rugosidad o su composición.

NotaDefinición y factores del clima

El clima es la descripción estadística de las condiciones atmosféricas de una zona o región —valores medios y variabilidad de las magnitudes relevantes— referida a un periodo prolongado, clásicamente de treinta años. Depende de la radiación solar, la circulación atmosférica, la distribución de continentes y océanos, la orografía, la vegetación y la actividad humana, e influye sobre el medio ambiente, la economía, la salud y la cultura de las poblaciones (Intergovernmental Panel on Climate Change, 2021).

  1. IPCC (2021). Anexo VII: Glosario, AR6 WG1, p. 2222. PDF
  2. Mapa de climas terrestres, clasificación de Köppen-Geiger (1980-2016)

Con múltiples disciplinas y profesiones involucradas, es necesaria la coordinación institucionalizada en el estudio del clima para avanzar en la comprensión de los problemas y lograr herramientas explicativas y modelos predictivos más potentes y precisos. La institucionalización de la tarea investigadora tiene varias ventajas y desafíos, que se pueden agrupar en tres dimensiones:

  1. La dimensión epistémica. La coordinación no consiste en sumar resultados, sino en construir un objeto común a partir de datos que nadie recogió pensando en él. Paul Edwards lo documentó para el caso del clima con el detalle de un historiador: no existe un «dato climático bruto» —las series globales resultan de homogeneizar registros de estaciones que cambiaron de emplazamiento, de instrumento y de horario de lectura durante un siglo y medio, y esa reconstrucción se hace con modelos, de modo que datos y modelos no son dos cosas separadas que se contrastan entre sí (2010). De ahí que el reto epistémico no sea armonizar vocabularios, sino sostener la trazabilidad de una cadena larga que va de los sistemas de medición al informe. Y de ahí también que el trabajo se describa a veces como ciencia posnormal: hechos inciertos, valores en disputa, apuestas altas y decisiones urgentes (Granados Mateo, 2019).

  2. La dimensión social. No se refiere solo a la cooperación entre investigadores, sino a que el objeto estudiado incluye a quien lo estudia y a quien lo padece. Adger y sus colaboradores muestran que los impactos y las respuestas de adaptación no se distribuyen según la exposición física, sino según el significado que cada comunidad atribuye al lugar que habita, de modo que dos poblaciones igualmente expuestas responden de manera distinta (2013). La vulnerabilidad, en consecuencia, no es una variable climática sino socioambiental, y exige métodos que la ciencia física no aporta (Eakin y Luers, 2006). Es el argumento por el que Hulme reclamó la entrada de las humanidades en un campo que las había tratado como accesorias (2011), y el que sostiene su tesis más citada: el desacuerdo sobre el clima no es un déficit de información, sino un desacuerdo sobre qué clase de mundo se quiere (2009).

  3. La dimensión política. Es donde la coordinación falla de manera más visible y mejor documentada. Victor sostiene que la arquitectura de las negociaciones climáticas —universal, por consenso y sin mecanismos de cumplimiento— produce bloqueo estructural con independencia de la voluntad de los participantes (2011), y Dessler y Parson describen cómo la traducción del conocimiento a política se organiza en torno a intereses que no coinciden con el reparto de impactos (2019).

Un indicador inexplicable por mera casualidad

En la COP30 de Belém, noviembre de 2025, se acreditaron 1.602 personas vinculadas a la industria de los combustibles fósiles: uno de cada veinticinco asistentes, más que cualquier delegación nacional salvo la del país anfitrión, y dos tercios más que las delegaciones de los diez países más vulnerables al cambio climático sumadas. El recuento se hizo línea a línea sobre la lista provisional de participantes publicada por la propia CMNUCC (Global Witness y Kick Big Polluters Out, 2025).

El dato no demuestra por sí solo que se haya influido en ningún resultado —eso exigiría otra investigación—, pero sí describe quién está en la sala, que es una condición previa y comprobable. Y admite la lectura que hace §3.5 sobre el clima: la asimetría no está en la evidencia, sino en el acceso a los foros donde se decide qué hacer con ella.

La consecuencia epistémica es la que más interesa aquí. Sheila Jasanoff señala que los grandes informes de evaluación, al construir un objeto global, desligaron el conocimiento del significado, produciendo una representación planetaria que ninguna comunidad reconoce como descripción de su propia experiencia (2010). Ese desacoplamiento no lo resuelve más divulgación, y explica buena parte de la distancia entre lo que el consenso afirma y lo que se discute en el debate público.

Estos esquemas de colaboración institucional y coordinación entre las ciencias que estudian el clima admiten un amplio margen de mejora. Entre otros aspectos relevantes cabe destacar:

  1. Promover el acceso libre y gratuito al conocimiento sobre el clima, tanto a sus fuentes como a sus resultados, mediante el uso de plataformas digitales y licencias abiertas.

  2. Fomentar la participación activa y diversa de otros actores sociales en el proceso de producción, evaluación, comunicación y aplicación del conocimiento sobre el clima, mediante el uso de metodologías colaborativas e inclusivas. Es el tránsito del acceso a la participación que examina el capítulo 6.

  3. Establecer mecanismos transparentes y eficaces para el control de calidad, la rendición de cuentas y la resolución de conflictos en el ámbito de las ciencias del clima, mediante el uso de criterios objetivos e imparciales.

  4. Buscar el beneficio social y ambiental del conocimiento sobre el clima, atendiendo a las necesidades, los problemas y las oportunidades que existen en la sociedad, mediante el uso de criterios éticos y sostenibles.

A las disciplinas tradicionalmente involucradas en el estudio del clima se han sumado recientemente la sociología, la economía, la política y la psicología, cuyas aportaciones resultan cruciales para comprender y abordar las implicaciones sociales, económicas, jurídicas, políticas y culturales de los cambios en el clima inducidos por la acción humana (Kallergi y Landeweerd, 2025).

El componente de investigación resultante de las ciencias físicas (meteorología, climatología) dista de ser social y económicamente neutro cuando se comprende la gravedad de los forzamientos en el sistema Tierra inducidos por la actividad humana. Sus efectos tangibles no son ajenos a las percepciones y respuestas humanas a estos cambios, lo que incrementa el valor de las ciencias sociales aplicadas a la problemática.

Las normas, acuerdos internacionales y reglas desarrollados para adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático y la distribución desigual de impactos van muy ligadas en su desarrollo al curso del debate público y las políticas sobre cambio climático y responsabilidad ambiental que la ciudadanía mejor informada demanda. El conocimiento especializado sobre el clima y su impacto constituye un pilar básico de la toma de decisiones razonables en las sociedades democráticas, que conviene aprovechar mientras se dan las condiciones para un debate sosegado y constructivo (Shrivastava et al., 2023).

  1. Adger, W. N., et al. (2013). Cultural dimensions of climate change impacts and adaptation. Nature Climate Change, 3(2), 112-117.
  2. Dessler, A. E., & Parson, E. A. (2019). The science and politics of global climate change: A guide to the debate. Cambridge University Press.
  3. Eakin, H., & Luers, A. L. (2006). Assessing the vulnerability of social-environmental systems. Annual Review of Environment and Resources, 31.
  4. Edwards, P. N. (2010). A vast machine: Computer models, climate data, and the politics of global warming. Cambridge: MIT Press.
  5. Granados Mateo, J. L. (2019). Ciencia posnormal, o cómo se estudia el clima en tiempos de incertidumbre. The Conversation España. Recuperado de https://theconversation.com/ciencia-posnormal-o-como-se-estudia-el-clima-en-tiempos-de-incertidumbre-127881
  6. Hulme, M. (2009). Why we disagree about climate change: Understanding controversy, inaction and opportunity. Cambridge: Cambridge University Press.
  7. Hulme, M. (2011). Meet the humanities. Nature Climate Change, 1(4), 177-179.
  8. Jasanoff, S. (2010). A new climate for society. Theory, Culture & Society, 27(2-3), 233-253.

3.4 El problema de la falsación en dominios interdisciplinares complejos

La falsación fue el criterio propuesto por Karl Popper para distinguir entre las teorías científicas y las no científicas —el problema de la demarcación, que el capítulo 1 examina con detalle—. Según Popper, una teoría es científica si es falsable, es decir, si se puede someter a una prueba empírica que pueda refutarla o contradecirla. Si una teoría no es falsable, entonces no es científica, sino metafísica o ideológica. La falsación implica que las teorías científicas son provisionales y están sujetas a la revisión o el rechazo en función de los datos observados (Popper, 1980).

Con ayuda de otros enunciados anteriormente aceptados se deducen de la teoría a contrastar ciertos enunciados singulares —que podremos denominar «predicciones»—; en especial, predicciones que sean fácilmente contrastables o aplicables. Se eligen entre estos enunciados los que no sean deductibles de la teoría vigente, y, más en particular, los que se encuentren en contradicción con ella. A continuación tratamos de decidir en lo que se refiere a estos enunciados deducidos (y a otros), comparándolos con los resultados de las aplicaciones prácticas y de experimentos. Si la decisión es positiva, esto es, si las conclusiones singulares resultan ser aceptables, o verificadas, la teoría a que nos referimos ha pasado con éxito las contrastaciones (por esta vez): no hemos encontrado razones para desecharla. Pero si la decisión es negativa, o sea, si las conclusiones han sido falsadas, esta falsación revela que la teoría de la que se han deducido lógicamente es también falsa.
Conviene observar que una decisión positiva puede apoyar a la teoría examinada sólo temporalmente, pues otras decisiones negativas subsiguientes pueden siempre derrocarla. Durante el tiempo en que una teoría resiste contrastaciones exigentes y minuciosas, y en que no la deja anticuada otra teoría en la evolución del progreso científico, podemos decir que ha «demostrado su temple» o que está «corroborada» por la experiencia.
En el procedimiento que acabamos de esbozar no aparece nada que pueda asemejarse a la lógica inductiva. En ningún momento he asumido que podamos pasar por un razonamiento de la verdad de enunciados singulares a la verdad de teorías. No he supuesto un solo instante que, en virtud de unas conclusiones «verificadas», pueda establecerse que unas teorías sean «verdaderas», ni siquiera meramente «probables».

K. Popper (1980). La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos. Cap. 1, aptdo. 3, págs. 32-33.

Sin embargo, el criterio de falsación plantea varios problemas cuando se aplica a dominios interdisciplinares complejos, como el cambio climático, algunos ámbitos de la economía o el análisis de tendencias sociológicas. Conviene distinguir tres, porque no son del mismo orden y no se resuelven igual.

El primero es lógico, y afecta a cualquier ciencia. Ninguna hipótesis se contrasta sola: lo que se somete a prueba es siempre un conjunto formado por la hipótesis, las teorías auxiliares, los supuestos sobre el instrumento y las condiciones iniciales. Cuando la predicción falla, la lógica no dice qué elemento del conjunto ha fallado. Es el problema que el caso de Cajal ilustra al final de este apartado, y el que reaparece en cada comparación entre un modelo climático y una serie observada: un desajuste admite corregir el modelo, revisar la homogeneización del dato o dudar del instrumento, y las tres salidas son formalmente legítimas.

El segundo es de escala, y es propio de este dominio. El sistema estudiado no se puede cerrar ni repetir: no hay dos Tierras, una con forzamiento antropogénico y otra sin él. Las predicciones que interesan se refieren a décadas, de modo que el intervalo entre la afirmación y su posible refutación excede el de cualquier ciclo de decisión, y buena parte de la evidencia es indirecta —testigos de hielo, anillos de árboles, sedimentos— con su propia cadena de supuestos. Oreskes, Shrader-Frechette y Belitz extrajeron de ahí la conclusión que abre este apartado: en sistemas abiertos, verificar es imposible y confirmar es siempre parcial (1994).

El tercero no es epistémico, aunque se disfraza de tal. En un dominio donde refutar es difícil por los dos motivos anteriores, la dificultad se puede explotar: basta exigir como prueba lo que el dominio no puede dar por su propia naturaleza. Es el paso 4 del esquema descrito en el capítulo 2 —elevar el listón a un nivel inalcanzable— aplicado con una coartada metodológica correcta. Y se reconoce por la asimetría: quien lo emplea no exige ese mismo nivel de prueba a la afirmación contraria, ni a las decisiones que toma en cualquier otro terreno.

Frente a los dos primeros, la respuesta metodológica está descrita y es la que sigue: renunciar a la refutación única y trabajar con procedimientos anidados de puesta a prueba, pluralismo metodológico y contraste entre líneas de evidencia que no compartan supuestos. Frente al tercero no hay respuesta metodológica, porque el problema no es metodológico: solo cabe señalar la asimetría.

El diálogo interdisciplinar e intersectorial puede facilitar el intercambio y la integración de conocimientos y experiencias entre los distintos actores con capacidad técnica para comprobar experimentalmente los fenómenos relevantes y la evolución de los indicadores en la escala temporal adecuada. Sin criterios rigurosos y transparentes para evaluar la calidad, la relevancia y la fiabilidad del conocimiento producido y comunicado en estos dominios no resulta fácil avanzar hacia soluciones consensuadas, públicamente aceptadas y económicamente sostenibles, considerando el desglose de impactos y circunstancias sociales que cualquier modificación del marco regulador puede inducir en los valores y expectativas de las personas y entidades afectadas.

  1. Popper, Karl R. (1980). La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos. Cap. 1, aptdo. 3, «Contrastación deductiva de teorías», págs. 32-33. Traducción de Víctor Sánchez de Zavala; obra original de 1934.
  2. Sfetcu, Nicolae (2019). Karl Popper’s Demarcation Problem. https://doi.org/10.13140/RG.2.2.11481.36967. Revisión panorámica del problema de la demarcación; texto autopublicado y sin revisión por pares, útil como mapa de posiciones, no como fuente de autoridad.
  3. Boland, Lawrence A. (1996). “Scientific thinking without scientific method: two views of Popper”. Critical economic methodology: A personal odyssey. Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203978955.

Líneas de evidencia y lenguaje calibrado: cómo se sostiene una afirmación climática

Este bloque no pretende convencer a nadie de que el clima cambia, sino mostrar de qué forma está construida la afirmación, que es lo que un lector de epistemología necesita saber. Tres rasgos la caracterizan, y no dependen de confiar en la palabra de nadie.

Primero: no hay un dato, hay líneas independientes que convergen. La conclusión no descansa en el registro de temperatura —el indicador que más se discute— sino en un conjunto de series producidas con instrumentos, equipos y métodos distintos, que podrían haberse contradicho y no lo hacen.

Tabla 3.2: Estado de los principales indicadores climáticos en 2026, con la fuente de cada serie.
Indicador Estado en 2026 Fuente
Temperatura media global 2025 fue el tercer año más cálido del registro, 1,47 °C sobre el nivel preindustrial, tras 2024 y 2023. Los once últimos años son los once más cálidos Copernicus (Copernicus Climate Change Service, 2026)
Umbral de París La media de 2023-2025 supera 1,5 °C: es el primer trienio consecutivo que lo hace, aunque el calentamiento de largo plazo esté aún en torno a 1,4 °C íd.
CO₂ atmosférico Pico de 432 ppm en mayo de 2026, 1,8 ppm por encima del de 2025; la serie arrancó en 315 ppm en 1958 y el nivel preindustrial rondaba las 280 ppm Scripps y NOAA (Scripps Institution of Oceanography, 2026)
Nivel del mar Unos 10 cm desde 1993, con la tasa anual más que duplicada en tres décadas Hamlington et al. (Hamlington et al., 2024)
Hielo marino polar Mínimo conjunto más bajo de todo el registro por satélite en febrero de 2025 Copernicus (Copernicus Climate Change Service, 2026)

Segundo: la atribución de eventos extremos dejó de ser una impresión. Existe un procedimiento formal —comparar la probabilidad de un episodio en el clima observado y en un clima simulado sin forzamiento humano— con resultados publicados y revisados. El balance acumulado es comprobable: más de 900 estudios sobre cerca de mil episodios, de los cuales el 77 % resultó más probable o más severo por el cambio climático de origen humano, y en el 85 % se identificó alguna influencia humana (Carbon Brief, 2026). Que exista ese 15 % restante —episodios en los que no se detecta influencia, o en los que el efecto va en dirección contraria— es lo que convierte el procedimiento en un método y no en una confirmación automática.

Tercero: la incertidumbre se declara, y se declara con números. El IPCC no escribe «probablemente»: emplea lenguaje calibrado, en el que cada término de probabilidad tiene un rango numérico asignado y cada conclusión lleva un grado de confianza explícito (IPCC, 2023). Es un rasgo poco frecuente y merece subrayarse en un libro de epistemología: una comunidad que se obliga a publicar cuánto de segura está de cada cosa que afirma, y a hacerlo en una escala común que permite comparar afirmaciones entre sí.

Cómo leer la tabla e interpretar tendencia e incertidumbre

Un año no es una tendencia. En 2025 el nivel medio del mar subió solo 0,08 cm, frente a 0,58 cm en 2024, y la causa está identificada: unas condiciones de La Niña desplazaron temporalmente agua del océano a la cuenca amazónica en forma de precipitación (NASA, 2026). Un dato aislado como ese es exactamente lo que se selecciona para argumentar que la subida se ha detenido. No se ha detenido; solo se ha redistribuido durante unos meses, y el agua vuelve.

El mismo cuidado vale en la otra dirección. Que 2025 quedara por debajo de 2024 no desmiente nada, pero tampoco lo desmentiría al revés. Un año excepcionalmente cálido no prueba por sí solo una tendencia. Lo que sostiene la conclusión es la serie, y la convergencia de series que no comparten instrumento.

Reconocer lo que no se sabe construye credibilidad, no la resta. Hay incertidumbre real y publicada en el rango de sensibilidad climática, en las realimentaciones de nubes y en la atribución regional de episodios concretos. Declararla es lo que permite distinguir una afirmación calibrada de una consigna —y es, además, lo que priva de materia prima a quien pretenda presentar el margen como si fuera el centro—.

La incertidumbre no siempre favorece el mismo enfoque. El nivel del mar sirve de banco de pruebas. Su ritmo se ha más que duplicado en tres décadas —de unos 2,1 mm/año en 1993 a unos 4,5 mm/año en 2023—, pero la trayectoria observada no se sitúa en el extremo superior de los escenarios del AR6: se ajusta a la estimación mediana del escenario intermedio SSP2-4.5 (2024). En la contribución antártica, el refinamiento de los modelos ha ido en sentido opuesto al que suele suponerse. Los modelos de capa de hielo de baja resolución proyectan un rango de aportación más amplio que los de alta resolución, de modo que exageraban los peores escenarios, y sus autores desaconsejan usar simulaciones de 5 km o más gruesas para proyecciones de alto impacto (2025). Y en sentido contrario, los escenarios interagencias de la NOAA proyectan para la costa estadounidense un ascenso de 25 a 30 cm entre 2020 y 2050, tanto como el acumulado en los cien años anteriores (2022).

Los trabajos mencionados y sus conclusiones distan mucho de cualquier consigna simplificadora: muestran que la incertidumbre es real, está publicada y puede exigir correcciones en las dos direcciones —a veces el margen se estrecha y a veces el plazo se acorta—. Quien seleccione solo una de las tres podrá sostener con fuentes legítimas que se exagera o que se subestima, y en ambos casos estará haciendo un movimiento similar. Esto justica los esfuerzos para desarrollar modelos de mayor resolución e integrar series de datos convergentes.


3.5 Dificultades para acotar los dominios disciplinares concernidos en los intentos de falsación de la ciencia climática

Las dificultades de aplicación del falsacionismo como criterio de demarcación entre ciencia rigurosa y otro tipo de discursos, así como su reinterpretación cuando se aplica en dominios de conocimiento interdisciplinar, no le restan importancia en tanto que piedra angular del método y actitud científica que Karl Popper contribuyó a popularizar.

Pero, en la práctica, resulta complicado constatar casos no problemáticos de refutación de una teoría mediante la observación empírica. No es infrecuente que nuevas mediciones y sistemas de comprobación ultraprecisos ayuden a confirmar o reforzar predicciones teóricas imposibles de poner a prueba sin la tecnología necesaria. Pero la complejidad del universo físico en cualquier dominio de fenómenos, con múltiples interacciones y factores desencadenantes, dificulta la identificación de resultados claramente falsables y las regularidades que el dispositivo o máquina nomológica ideado por el equipo de investigación haya puesto en funcionamiento (Cartwright, 2012).

En áreas de investigación interdisciplinares, como los estudios del cambio climático o la neurociencia, las teorías y los modelos involucran distintos campos de conocimiento, desde la física hasta la biología o la sociología. Esto conlleva una mayor complejidad y, por tanto, una mayor dificultad para aislar variables y realizar predicciones precisas y comprobables. Lo cual no resta valor heurístico a los modelos utilizados, puesto que constituyen la mejor herramienta para prevenir escenarios de riesgo y adoptar las medidas oportunas (Lloyd y Winsberg, 2018; N. Oreskes et al., 1994).

La distancia entre modelos y sistema naturales
La verificación y validación de modelos numéricos de sistemas naturales es imposible. Esto se debe a que los sistemas naturales nunca son cerrados y a que los resultados de los modelos nunca son únicos. Los modelos pueden confirmarse demostrando la concordancia entre observación y predicción, pero la confirmación es inherentemente parcial. La confirmación completa queda lógicamente excluida por la falacia de afirmar el consecuente y por el acceso incompleto a los fenómenos naturales. Los modelos sólo pueden evaluarse en términos relativos y su valor predictivo siempre está en duda. El valor principal de los modelos es heurístico.

N. Oreskes, K. Shrader-Frechette y K. Belitz (1994). «Verification, validation, and confirmation of numerical models in the earth sciences». Science, 263(5147), 641-646. Resumen del artículo, traducción propia (N. Oreskes et al., 1994).

Otro aspecto que condiciona los intentos de falsación directa de teorías o modelos es el carácter integrador de las teorías interdisciplinares, lo que complica focalizar el empeño en predicciones claramente falsables por la multiplicidad de factores involucrados e interconectados (Mitchell, 2009).

Si se considera la tendencia interdisciplinar y colaborativa de la investigación científica como rasgo característico de su funcionamiento, resulta pertinente la propuesta hecha por Helen Longino de reinterpretar el concepto de falsación. En lugar de orientar los esfuerzos a refutar teorías o modelos directamente, se trataría de refutar aspectos específicos de los mismos o poner a prueba la validez de las supuestas relaciones entre diferentes variables o disciplinas. En la práctica, se asume que la actividad investigadora no persigue en tales casos hallar una respuesta única y definitiva que se ajuste a las exigencias del proceso de falsación. Más bien se acepta una cierta dosis de ambigüedad e incertidumbre como rasgo inherente a los sistemas complejos objeto de estudio (2006).

Conviene ver esas dificultades sobre el caso concreto, porque en la ciencia climática cada una tiene un referente identificable.

  • Definir el objeto. «Clima», «cambio climático» o «calentamiento global» no son términos intercambiables, y el desacuerdo sobre cuál se está midiendo produce discusiones que parecen empíricas y son terminológicas. El caso reciente más claro es el del umbral de 1,5 °C: rebasarlo en un año concreto no es rebasarlo en el sentido del Acuerdo de París, que se refiere a una media de largo plazo. Los dos enunciados son verdaderos y dicen cosas distintas, y confundirlos —en cualquiera de las dos direcciones— produce una afirmación falsa a partir de datos correctos.
  • Diseñar la prueba. La escala espacial y temporal del fenómeno, la no linealidad de los procesos, la coexistencia de forzamientos naturales y antrópicos y la variabilidad interna del sistema hacen que ningún resultado aislado funcione como experimento crucial. Lo que se contrasta son tendencias sobre décadas, y el episodio del nivel del mar en 2025 —una subida mínima por efecto de La Niña, sobre una tendencia que se ha duplicado— muestra hasta qué punto un año puede desmentir aparentemente lo que la serie confirma.
  • Comunicar el resultado. Un enunciado calibrado, con su grado de confianza y su rango, pierde precisamente esa calibración al pasar al circuito público, donde se reproduce como afirmación categórica o se descarta como especulación. No es un fallo de divulgación: es la distancia entre dos registros que Jasanoff describe como desacoplamiento entre conocimiento y significado, y que §3.3 ya examinó. El capítulo 5 vuelve sobre ese tránsito desde el lado de la comunicación pública.

La robustez como alternativa a la falsación, y por qué no es una salida cómoda

De lo anterior suele extraerse una conclusión rápida: que en las ciencias del clima, más que falsar, se busca robustez —confirmación por convergencia de múltiples líneas de evidencia y de modelos independientes—, y que ese criterio sería el adecuado para dominios interdisciplinares. La conclusión es defendible, pero no está cerrada, y presentarla como si lo estuviera sería precisamente el tipo de simplificación que este capítulo examina.

La defensa. Lloyd sostiene que el acuerdo entre modelos que no comparten arquitectura ni supuestos funciona como una forma de razonamiento desde la variedad de la evidencia, y que en ese sentido confirma: cuando varias vías independientes llegan al mismo resultado, la coincidencia no es casual y aumenta legítimamente la confianza (2010).

La objeción. Parker responde que del acuerdo entre los modelos disponibles no se sigue que la hipótesis sea probablemente verdadera, ni que la confianza deba aumentar de manera apreciable: los modelos comparten historia, datos de calibración y limitaciones, de modo que su convergencia puede reflejar un antepasado común más que una confirmación independiente (2011). Su conclusión es deliberadamente pesimista.

La disolución del aparente conflicto. Gluck muestra que Lloyd y Parker no se contradicen: caracterizan nociones distintas de robustez y sus aportaciones son complementarias. Y extrae la consecuencia positiva: la confianza, cuando está justificada, lo está en virtud de modelos causalmente consistentes, no del mero acuerdo entre una variedad amplia de proyecciones (2023).

La reformulación, en la misma dirección. Winsberg propone que la noción pertinente no es la coincidencia numérica sino una robustez explicativa: lo que confiere valor probatorio a una convergencia no es que varios modelos den el mismo resultado, sino que se pueda explicar por qué lo dan —que el acuerdo se remonte a un mecanismo físico comprendido y no a un código, una calibración o un supuesto compartidos—. Y extiende expresamente el análisis más allá de los modelos, a la convergencia entre evidencia de modelo y evidencia que no procede de modelos (2021).

Esa extensión es la que cierra el círculo con §3.4. La tabla de indicadores de aquel apartado no reúne modelos que coinciden: reúne un registro termométrico, una serie de concentración de CO₂ medida por espectrometría, una altimetría por satélite y una extensión de hielo por sensores de microondas. Son instrumentos, equipos y cadenas de error distintos, y esa es exactamente la clase de convergencia sobre la que la objeción de Parker no encuentra anclaje. Cuando el escéptico organizado ataca «los modelos», está eligiendo el único frente donde hay discusión filosófica real, y dejando fuera aquel del que dependen principalmente las conclusiones.

Implicaciones. El desacuerdo real entre filósofos de la ciencia del clima no versa sobre si el clima cambia, sino sobre qué autoriza exactamente a inferir el acuerdo entre modelos y bajo qué condiciones (Lloyd y Winsberg, 2018). Y la discusión, lejos de estancarse, ha progresado desde dos posiciones que parecían incompatibles a distinguir dos nociones y a converger en cuál hace el trabajo. Es, en pequeño, el mecanismo autocorrectivo que este libro describe, operando sobre la propia filosofía de la ciencia. Conviene compararlo con las objeciones que circulan en el debate público: no coinciden en nada. La distancia entre dónde está el desacuerdo genuino y dónde dice estar quien se presenta como escéptico es, por sí sola, informativa.

  1. Cartwright, Nancy (2012). “Nomological machines and the laws they produce”. The Dappled World. A Study of the Boundaries of Science, 49–74. Cambridge University Press.
  2. Lloyd, E. A. y Winsberg, E. (eds.) (2018). Climate Modelling: Philosophical and Conceptual Issues. Cham: Palgrave Macmillan. https://doi.org/10.1007/978-3-319-65058-6
  3. Lloyd, E. A. (2010). Confirmation and robustness of climate models. Philosophy of Science, 77(5), 971-984. https://doi.org/10.1086/657427. Defiende la robustez como razonamiento desde la variedad de la evidencia.
  4. Parker, W. S. (2011). When climate models agree: the significance of robust model predictions. Philosophy of Science, 78(4), 579-600. https://doi.org/10.1086/661566. La objeción: los modelos comparten historia y datos de calibración, de modo que su acuerdo puede no ser independiente.
  5. Winsberg, E. (2021). What does robustness teach us in climate science: a re-appraisal. Synthese, 198(S21), 5099-5122. https://doi.org/10.1007/s11229-018-01997-7. La reformulación: robustez explicativa, y extensión del análisis a la convergencia entre evidencia de modelo y evidencia ajena a los modelos.
  6. Gluck, S. (2023). Robustness of climate models. Philosophy of Science, 90(5), 1407-1416. https://doi.org/10.1017/psa.2023.62. Muestra que Lloyd y Parker caracterizan nociones distintas y complementarias, y sitúa la confianza justificada en la consistencia causal de los modelos.
  7. Oreskes, N., Shrader-Frechette, K., & Belitz, K. (1994). Verification, validation, and confirmation of numerical models in the earth sciences. Science, 263(5147), 641-646. https://www.science.org/doi/10.1126/science.263.5147.641
  8. Mitchell, Sandra (2009). Unsimple Truths: Science, Complexity, and Policy. Chicago, IL: University of Chicago Press. Chap. 1, 6.
  9. Longino, Helen (2006). “Theoretical pluralism and the scientific study of behavior.” In S. Kellert, H. Longino, & C. Waters (Eds.), Scientific Pluralism (pp. 102-131). University of Minnesota Press.

Caso: Cajal desmontó la teoría reticular, y compartió el Nobel con un reticularista

Cajal y Camillo Golgi compartieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1906 siendo uno neuronista y el otro irreconciliablemente reticularista. La disputa consistía en demostrar que las neuronas conservan su individualidad al tiempo que establecen contactos por contigüidad —las sinapsis—, sin formar una red difusa y continua. Cajal lo sostuvo empleando la técnica de tinción del propio Golgi, que le permitió identificar células aisladas al microscopio óptico.

El caso interesa aquí porque reúne, en un episodio cerrado y documentado, casi todas las dificultades que §3.4 acaba de describir para la falsación en dominios complejos.

La falsación solo fue posible con nuevo instrumental
Con la resolución del microscopio óptico la sinapsis no era observable: ninguna de las dos teorías podía refutarse por observación directa. Cajal no ganó la discusión mostrando el hecho decisivo, sino acumulando evidencia indirecta convergente —la orientación de las prolongaciones, la polaridad funcional, el desarrollo embrionario— y formulando predicciones arriesgadas. Una de ellas, la existencia de señales químicas que guían el crecimiento del axón, tardó un siglo en confirmarse. La refutación concluyente de la teoría reticular no llegó por vía argumentativa sino por la introducción en la década de 1950 de la microscopía electrónica, que permitió visualizar la hendidura sináptica y, con ello, zanjar definitivamente el debate.

Lo que el caso enseña sobre la falsación, punto por punto.

  1. La teoría contrastada no era la que se ponía a prueba. Lo que se contrastaba en cada preparación era el conjunto formado por la teoría, la técnica de tinción y los supuestos sobre qué revela y qué oculta. Es el problema de Duhem-Quine en estado puro, y es el mismo que reaparece en los modelos climáticos.
  2. La resistencia de Golgi no fue irracional. Sostuvo la teoría reticular hasta su lección Nobel, en la que la defendió expresamente, y lo hizo con la evidencia disponible para él. Que estuviera equivocado no lo convierte en pseudocientífico: es la diferencia, central en este libro, entre estar equivocado y argumentar mal.
  3. El reconocimiento institucional no siguió a la corrección de la teoría. El Nobel premió a los dos, y premió aportaciones metodológicas y observacionales, no la tesis ganadora. La comunidad reconoció el instrumento antes de resolver la disputa.
  4. La comunidad aceptó la teoría neuronal antes de que se probara. No por autoridad, sino porque explicaba de manera unificada fenómenos que la alternativa dejaba sueltos, y porque generaba predicciones comprobables. Es la robustez de la que habla §3.5: confirmación por líneas convergentes, no refutación única.
  5. La incertidumbre se resolvió por inversión sostenida. Medio siglo de investigación acumulativa y un desarrollo instrumental que nadie podía programar. El caso desaconseja pedir a un dominio complejo que zanje sus disputas en el plazo que convenga a la decisión política.

Y el contraste con el capítulo —que justifica su inclusión aquí— es instructivo. Golgi discrepaba del consenso emergente y ejercía un escepticismo legítimo, ya que publicaba a través de cauces formales, sometía sus preparaciones al examen público y su posición era refutable mediante evidencia empírica. De hecho fue refutada; y ese es el criterio. Lo examinado en §3.1 carece de esos rasgos, porque no propone una teoría alternativa contrastable, no se somete a revisión y no admite evidencia que pueda inducir un cambio de postura. La diferencia no está en acertar, sino en precisar qué haría falta para demostrarle a uno que se equivoca.

  1. De Castro Soubriet, F. y Sánchez, J. M. E. (17/10/2024). «Cajal, padre de la neurociencia moderna». The Conversation. https://theconversation.com/cajal-padre-de-la-neurociencia-moderna-239243. Documento de partida del caso.
  2. De Castro, F. (2019). Cajal and the Spanish Neurological School: Neuroscience Would Have Been a Different Story Without Them. Frontiers in Cellular Neuroscience, 13. https://doi.org/10.3389/fncel.2019.00187
  3. DeFelipe, J. (2006). Brain plasticity and mental processes: Cajal again. Nature Reviews Neuroscience, 7(10), 811-817. https://doi.org/10.1038/nrn2005
  4. Glickstein, M. (2006). Golgi and Cajal: The Neuron Doctrine and the 100th Anniversary of the 1906 Nobel Prize. Current Biology, 16(5), R147-R151. https://doi.org/10.1016/j.cub.2006.02.053
  5. Glickstein, M. (2011). Golgi: a life in science. Brain, 135(1), 301-303. https://doi.org/10.1093/brain/awr207
  6. Hortsch, M. (2009). A Short History of the Synapse: Golgi Versus Ramón y Cajal. En The Sticky Synapse (pp. 1-9). Springer. https://doi.org/10.1007/978-0-387-92708-4_1
  7. Rozo, J. A., Martínez-Gallego, I. y Rodríguez-Moreno, A. (2024). Cajal, the neuronal theory and the idea of brain plasticity. Frontiers in Neuroanatomy, 18. https://doi.org/10.3389/fnana.2024.1331666
  8. The Nobel Prize in Physiology or Medicine 1906. NobelPrize.org. https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/1906/cajal/biographical/

3.6 Implicaciones sociales del consenso científico acerca del cambio climático

El consenso científico sobre el cambio climático tiene importantes implicaciones sociales en términos de justicia intergeneracional, cooperación y gobernanza internacional. Las acciones y omisiones del presente tienen consecuencias directas sobre las generaciones futuras, por lo que es pertinente un enfoque ético que considere los intereses tanto de las generaciones presentes como de las futuras en las decisiones de política climática.

Al tratarse de un problema de alcance mundial que no respeta fronteras nacionales y requiere una gobernanza global efectiva, no es suficiente la dependencia de un esquema de geopolítica y relaciones internacionales centrado exclusivamente en los intereses de los estados, y menos aún en los de los más contaminantes con capacidad para seguir condicionando la toma de decisiones sin considerar los intereses de todas las regiones y poblaciones potencialmente afectadas por un fenómeno al que han contribuido relativamente poco, en términos comparativos. Los procesos de educación al respecto y la presión por adoptar medidas de prevención y mitigación eficaces continúan siendo un desafío muy complejo de gestionar, pero imposible sin la participación de individuos sensibilizados y conscientes de su responsabilidad personal.

Aspectos clave ligados al consenso científico sobre el cambio climático

  1. La justicia intergeneracional: se refiere al deber ético de garantizar que las generaciones presentes no comprometan las posibilidades de vida y bienestar de las generaciones futuras. El cambio climático plantea un desafío de justicia intergeneracional, ya que las acciones u omisiones de las generaciones actuales tienen un impacto a largo plazo en las condiciones ambientales, económicas y sociales de las generaciones venideras. Por tanto, se requiere una acción urgente y responsable para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, adaptarse a los efectos del cambio climático y promover un desarrollo sostenible (Coady y Corry, 2013a; Page, 2006).

  2. El desafío de la gobernanza en problemas de alcance mundial: se refiere a la capacidad de gestionar colectivamente los problemas globales que afectan a toda la humanidad y que requieren la cooperación y la coordinación entre distintos actores e instituciones. El cambio climático plantea un desafío de gobernanza global, ya que es un problema complejo, transversal e interdependiente, que trasciende las fronteras nacionales y regionales y que implica a múltiples sectores e intereses. Por tanto, se requiere una gobernanza democrática y participativa, basada en el diálogo, el consenso y el compromiso, que articule los niveles local, nacional e internacional y que movilice los recursos y las capacidades necesarias para hacer frente al cambio climático.

  3. La alfabetización científica, la sensibilización y la responsabilidad personal: se refiere al grado de conocimiento, comprensión y valoración de la ciencia y sus implicaciones para la vida cotidiana y la sociedad. El cambio climático plantea un reto de alfabetización científica, sensibilización y responsabilidad personal, ya que implica una comprensión crítica de los fundamentos científicos del fenómeno, sus causas, sus efectos y sus soluciones; una concienciación sobre la gravedad del problema y la necesidad de actuar; y una asunción de responsabilidad individual y colectiva para adoptar hábitos y comportamientos sostenibles. Por tanto, se requiere una educación ambiental para la sustentabilidad, que fomente el desarrollo de competencias científicas, éticas y ciudadanas para enfrentar el cambio climático (Page, 2006; Victor, 2011).

Se trata de temas interconectados, por lo que su abordaje debe ser integral. La justicia intergeneracional se ve afectada por la efectividad de la gobernanza global y por el grado de alfabetización científica y responsabilidad personal en la sociedad. A medida que la ciencia continúa revelando las causas y consecuencias del cambio climático, lo razonable es que las instituciones de ámbito estatal e internacional asuman la responsabilidad de hacer frente a estos desafíos, considerando el tiempo y obstáculos para modificar los actuales esquemas de gobernanza global y conseguir mejoras constatables a través de la educación y acciones no violentas (Kahan et al., 2011; Victor, 2011). Las condiciones que la sociedad del conocimiento impone a esa participación son objeto del capítulo 6, y los estudios de percepción pública que miden su alcance, del capítulo 4.

  1. Page, E. (2006). Climate Change, Justice and Future Generations. Edward Elgar Publishing. https://www.e-elgar.com/shop/gbp/climate-change-justice-and-future-generations-9781843761846.html.
  2. Coady, D., & Corry, R. (2013). The climate change debate. In Palgrave Macmillan UK eBooks. Págs. 72-81. https://doi.org/10.1057/9781137326287
  3. Victor, D. G. (2011). Global Warming Gridlock: Creating More Effective Strategies for Protecting the Planet. Cambridge University Press. https://www.cambridge.org/core/books/global-warming-gridlock/C3CA34B8CF61FAAB6929ABF98FDF965E.
  4. Kahan, D. M., Jenkins‐Smith, H., & Braman, D. (2011). Cultural cognition of scientific consensus. Journal of Risk Research, 14(2), 147-174. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/13669877.2010.511246.

Ciencia sin hechos y política ambiental

Pregunta inicial:
¿Cómo se construye socialmente el negacionismo climático y qué papel juegan los discursos pseudocientíficos en su legitimación política y cultural?

Encuadre del problema:
En un contexto donde la evidencia científica sobre el cambio climático es abrumadora, prosperan actores dedicados a difundir opiniones que lo niegan o lo relativizan, con apoyo incluso en círculos influyentes de poder político y mediático. Judith Warner (2011) denuncia el fenómeno de la «ciencia sin hechos», donde la retórica y las emociones sustituyen a la evidencia, mientras Dunlap et al. (2016) documentan cómo la polarización partidista en EE.UU. ha convertido el consenso científico en un campo de batalla ideológico. Por su parte, Kahn-Harris (2018) explora las motivaciones psicológicas y culturales que llevan a individuos y colectivos a rechazar verdades incómodas, abrazando narrativas que les resultan emocionalmente más confortables pero a costa de retrasar las acciones preventivas que solo derivan de estrategias responsables e informadas. El material de partida invita a indagar cómo se articulan estas dinámicas en la esfera pública, qué intereses las sostienen y qué consecuencias tienen para la acción climática y para la credibilidad y utilidad social del conocimiento científico.

Hipótesis de trabajo:

El negacionismo climático no se sostiene en la producción de evidencia contraria, sino en un repertorio reconocible de operaciones discursivas —selección de la evidencia favorable, exigencia asimétrica de prueba, traslado del desacuerdo al terreno de la pertenencia—, apoyado en una infraestructura de organizaciones y financiación documentada y amplificado por la polarización partidista.

Formulada así, la hipótesis se puede contrastar con documentos —los textos, por un lado; las cuentas y los archivos, por otro— en lugar de exigir que se acierte con las intenciones de nadie, que es lo que ni el análisis ni el debate público pueden comprobar. Es el mismo criterio que §3.1 aplica al expediente, y conviene explicitarlo antes de empezar: lo que se somete a prueba es la forma del argumento y su soporte material, no el móvil de quien lo sostiene.

Sobre esta base se puede analizar la documentación explorando cuatro componentes: epistemológico (¿qué cuenta como evidencia para cada bloque de actores?), sociológico (¿quién legitima el discurso negacionista?), psicológico (¿por qué se rechaza la verdad sustentada en consenso experto?) y político (¿quién se beneficia del encuadre negacionista?).

El caso se articula a partir de esta documentación:
- Texto 1: Warner, J. (27/02/2011). Fact-Free Science. The New York Times Magazine.
- Texto 2: Dunlap, R. E., McCright, A. M., & Yarosh, J. H. (2016). The Political Divide on Climate Change: Partisan Polarization Widens in the U.S. Environment: Science and Policy for Sustainable Development, 58(5), 4–23. doi: org/10.1080/00139157.2016.1208995.
- Texto 3: Kahn-Harris, K. (03/08/2018). Denialism: what drives people to reject the truth. The Guardian.


Sobre el escepticismo climático (denominarlo “negacionismo climático” sería lo correcto, puesto que se trata de una versión espuria del escepticismo metodológico), merece la pena revisar los capítulos que se indican a continuación:

📖 Coady, D. y R. Corry (2013). The climate change debate. An Epistemic and Ethical Enquiry. Palgrave Macmillan. Ch. 1-4. https://link.springer.com/book/10.1057/9781137326287

Puedes poner a prueba tu comprensión de los conceptos e ideas básicas de este bloque con este asistente poco convencional:

Asistente de razonamiento